La privilegiada situación geográfica de la Isla de León en el litoral, hizo de ésta un lugar de asentamiento más o menos estable del hombre desde tiempos muy remotos. Esta situación originó la explotación de los recursos marinos sobre todo para las conservas y las salsas (garum). Esta industria conservera originó otra auxiliar: la alfarera, necesaria para la fabricación de los envases (ánforas).


Entre los factores que facilitaron la elección de la zona para la realización de estos hornos están:


La existencia de materias primas: arcilla, madera, agua dulce, sal y pesca.


Habilitaciones de unas vías de comunicación, tanto terrestres como marítimas que conectaron núcleos de población y permitieron la salida de productos.
Los hornos fenicios se encuentran en un estado de conservación excepcional únicos de su género en el mundo. Ante la inviabilidad de la conservación “in situ” de los restos se procedió al traslado de cuatro de los hornos: Dos de ellos, dado su tamaño se encuentran en esta rotonda y los otros dos de menor tamaño se instalaron en el Museo Histórico Municipal.

La producción principal de estos hornos debió ser la de ánforas. Así mismo es probable que se cocieran otras formas cerámicas comunes y pintadas como jarras, cuencos, platos, vasos, cazuelas....la actividad de este taller refleja claramente un momento de gran  prosperidad económica de la ciudad fenicia de Gadir.

Los hornos púnicos fueron descubiertos en 1987 por el Grupo Municipal de Arqueología de San Fernando. Ambos presentan las mismas características formales a excepción de sus dimensiones. Su planta es en forma de “U”, con los extremos algo cerrados, aunque el desplazamiento de las paredes próximas al corredor, en el caso del horno de mayores dimensiones (Horno I) le dan un aspecto casi circular.

Estos hornos conservan el corredor de acceso, la cámara de combustión y la columna central. La parrilla apareció, en ambos casos, desplomada en el interior de la cámara inferior.


Esta pareja de hornos fabricó principalmente ánforas, que se dedicaban fundamentalmente al transporte de conservas de pescado, sobre algunos fragmentos de ánforas se han descubierto siete tipos diferentes de sellos.

Según las fuentes clásicas, los fenicios fundadores de Gadir levantaron en el extremo más occidental de la isla de Kotinoussa un santuario dedicado al Dios Melkart - el Hércules clásico -. Este santuario se conformaba, según las fuentes, en un conjunto de edificaciones donde destacaba un edificio principal y un patio al que se accedía por una puerta flanqueada por dos grandes columnas. En la portalada principal aparecía un relieve que escenificaba los doce trabajos de Hércules en bronce.

Son abundantes e importantes los restos de épocas fenicia, púnica y romana hallados en los alrededores del islote; los cuales pueden ser visitados en la actualidad tanto en el Museo Provincial de Cádiz como en los Museos Municipales de San Fernando y Chiclana.

Según el historiador latino Pomponio Mela, bajo el templo estaban sepultados los restos del propio Hércules, lo cual contribuiría a hacer de este santuario uno de los más importantes de todo el Mundo Antiguo. De hecho, importantes personalidades de la antigüedad clásica, tales como Aníbal o Julio César, se encuentran entre algunos de sus afamados visitantes.

Debido al paso del tiempo y a su  progresivo abandono y expolio a partir del siglo IV d.C. , el antiguo templo de Hércules acabó desapareciendo. En el lugar que ocupó se levanta hoy el actual Castillo de Sancti Petri, construcción defensiva del siglo XVIII, que desempeñó un importante papel en el asedio sufrido por San Fernando por parte de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia a principios del siglo XIX.

 

El Museo se encuentra enclavado en la histórica y céntrica Calle Real. Esta vía es el eje principal en torno al cual se desarrolló y evolucionó el núcleo urbano actual de San Fernando. Este eje longitudinal orientado de oriente a poniente, enlaza a la ciudad de Cádiz con el exterior. En sus márgenes su fueron situando las primeras edificaciones dispersas en tierra firme o en el borde de las marismas.

El edificio data de 1755 y su primer propietario fue D. Alonso Ortega y Muñiz. Se trata de una construcción de dos plantas con dos cuerpos separados por cornisas distribuidos los huecos exteriores con una solución simétrica en su disposición y asimétrica en sus usos. Debiéndose esto al hecho de estar situada la entrada y balconada principal en la zona inmediata al eje de simetría de alzado de la fachada.

El portal de entrada está jalonado por pilastras estriadas que en obras posteriores a la construcción original ha sido adornado con una falsa sillería almohadillada, contigua a las pilastras, que a su vez enlazan directamente con la cornisa corrida que separa las dos plantas. La estructura de los ventanales de la planta baja resulta sumamente sencilla y elegante, destacando la sobriedad de los tres cierros que los protegen.

La segunda planta de líneas más simples que la inferior, rematada con un frontón partido sobre el citado balcón enlazando visualmente con las cinco almenas de siluetas típicamente isleña rematada por sencillos prismas.

El proyecto actual del Museo Histórico Municipal de San Fernando tiene su origen a mediados de los años 80 del pasado siglo XX, cuando por iniciativa municipal y contando con la colaboración de un grupo de entusiastas de la historia y la arqueología, se creó el Aula Municipal de Historia que fue el embrión del futuro Museo Municipal. En su primer emplazamiento en el Palacio Consistorial, en el año 1988, consiguió recopilar una serie de objetos y colecciones de restos arqueológicos, obras de arte y piezas de interés histórico, que habían sido donados o adquiridos por diversos particulares e instituciones además del propio Ayuntamiento.

De ellos hemos de destacar el trabajo desarrollado en los años 60-70 por el Grupo de Estudios Arqueológicos “Gerión”, y en los 80 por el Grupo Municipal de Arqueología. En aquella época se pusieron en explotación las grandes canteras de áridos en la zona del Cerro de los Mártires, que provocaron la destrucción de gran parte de los yacimientos arqueológicos allí ubicados.

Gracias a la labor desinteresada de estas personas se consiguió recuperar del expolio y la destrucción un amplio repertorio de objetos, sobre todo de época romana, como ánforas, lucernas, fragmentos de vasijas, monedas y elementos arquitectónicos que procedían de los grandes centros industriales alfareros y conserveros de la antigüedad. Por otra parte el Ayuntamiento de San Fernando ha venido convocando concursos y organizando exposiciones de arte, sobre todo desde la creación de la Casa de la Cultura en los años 70. Frutos de esta actividad es la colección de obras de pintura, escultura y fotografía que ha conseguido agrupar y que han venido ha constituir una gran parte del lote fundacional del museo.

 

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